Tengo un problema con usted
un problema hermoso.
Me detengo, me restrinjo a todo:
manos, palabras, desproporcionadas ideas.
Encarcelo un buen rato mis ganas
saber de ud.
Luego salen expulsadas
como si fuese una llave ardiendo
en un insólito anhelo de salir
de esa la cárcel -que aprieta-.
Pienso que le llamo
por nanosegundos la siento a mi lado
por fin ha de haber sabido.
No la olvido y es presente.

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