Aquí estás, bestia mínima,
chispa de fuego en el ojo,
tigre de bolsillo con el motor de la lluvia ronroneando en el pecho.
Un puñado de alambre de cobre.
Yo te inventario y digo:
Es mi nieta.
Mi linaje de espino, la sangre que no es sangre pero es, un corazón de ulmo corriendo por la casa.
Lo que la vida me dio.
Así como da la sal, el pan duro, el vino.
Así como da el susto.
Un regalo de oro raspado del fondo del mundo.
Lo que mi hija educó
le enseñó a no ser cuchillo, a guardar el alacrán de la uña.
Pero yo te miro.
Yo sé tu prontuario, gata. Eres lo que el zorro dejó.
La cría que sobró en la niebla.
Mi nieta, sí.
Pero con ojos de zorro. Con hambre de zorro.
Con silencio de zorro acechando en la cocina.

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